MARÍA MELÉNDEZ

«Por suerte la vida nos puso en el mismo camino, junto a una familia y unos amigos que son de un valor incalculable. A todos vosotros, GRACIAS, por acompañarnos en este día tan especial, pero sobre todo, gracias por vuestros abrazos, risas, bromas, amor y apoyo día tras día».

JOSÉ ANDRÉS VIRUÉS

«Hay momentos en la vida que son especiales por sí solos. Compartirlos con las personas que aprecias y quieres, los convierte en mágicos e inolvidables. ¡Muchas gracias! ¡Os esperamos con muchas ganas de pasarlo bien!».

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Como dijo Ismael Serrano, “se conocieron por casualidad, que es cómo se suelen conocer los grandes amores, casi siempre por casualidad”. La vida, nuestra vida, es así de caprichosa, así de distraída y fortuita. Y así la queremos.

Un gran amigo en común nos acercó un día de verano, en Constantina. El ambiente, el momento, no era idílico, pero echando la vista atrás, observando lo que nos ha deparado, no cambiamos ni un ápice del mismo. Desde ese momento, saltó una chispa que tardó en detonar por lo efímero de esos veranos adolescentes, idas y venidas fugaces que no hacían más que aumentar las ganas de que esa mecha incandescente llegase a la pólvora…

¡Y explotó! Así lo sentimos ese 11 de agosto de 2006, tumbados bajo las estrellas en el jardín de María, cuando por fin, nos atrevimos a darnos un ‘sí’ que se intuía por los mensajes que nos mandábamos tras la pantalla de un ordenador, un ‘sí’ en forma de beso.

Nuestra amistad, nuestro afecto, nuestro amor crecía día a día, con muchas dificultades por la distancia que intentábamos salvar con un tren que acercó Chiclana a Constantina, Constantina a Chiclana. Nuestra familia, a pesar de las dudas entendibles de un amor adolescente, nos apoyaron a más no poder, y sin ellos, esto habría sido infinitamente más complicado. Tren, móvil y fines de semana, mezclados con responsabilidades estudiantiles, iban quitando días al calendario, regalándonos días juntos.

Poco a poco, los proyectos iban surgiendo y alcanzándose. Pasito a pasito, ganamos autonomía, las distancias serían más cortas y los besos más largos. Ella maestra, él matrona. Ella risueña, él “cabezaloca”.

Después de algún tiempo difícil de definir, viviendo, conviviendo y coexistiendo, José Andrés pidió matrimonio a María, en el último atardecer del 2016, en el Punto Mágico de Chiclana. Y la magia, le regaló el ‘sí’ más bonito que nadie te pueda dar.

El 1 de septiembre de 2018, grabaremos a fuego otro día en nuestras vidas, y vosotras/os seréis partícipes de uno de los recuerdos más bellos… Estáis aquí, porque en este camino tan azaroso, difícil en momentos, alegre en su mayoría, juntos siempre, habéis compartido muchos momentos con nosotros y habéis sido cómplices de nuestro amor…

Os esperamos en nuestra boda, y por supuesto, en nuestro futuro…

María & José Andrés

OS ESPERAMOS EL 1 DE SEPTIEMBRE, ¡QUÉ GANITAS, JOÉ!
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